GRACIAS Alberto

 

Lo primero de todo daros las gracias por la presencia en esta coordinadora Federal. Es para mí un día muy importante, porque es cuando comunico formalmente a la dirección completa de Izquierda Unida, además en parte reunida en forma presencial, mi renuncia a repetir en las siguientes elecciones.

Como sabéis, continuaré como coordinador de Izquierda Unida y agotaré el ciclo como ministro del Gobierno de España, así como por supuesto, seguiré trabajando para hacer a Yolanda Díaz presidenta del país. Pero lo que es cierto es que dejo la primera línea de la política.

Soy consciente de que si hubiera querido repetir en estas elecciones hubiera tenido todo el apoyo o el máximo apoyo de nuestros compañeros y compañeras de Izquierda Unida y también estoy convencido de que hubiera tenido ese mismo apoyo por parte de los compañeros y compañeras que están en SUMAR.

Pero estoy convencido de que no hubiera sido la mejor decisión. Hace un tiempo que llegué a la conclusión de que otros compañeros y compañeras pueden aportar mucho más que yo mismo, y en política me parece fundamental anteponer siempre el interés del proyecto colectivo, al interés meramente individual.

Lo he dicho otras veces como republicano convencido, siempre he creído en la renovación de los representantes públicos. La tradición republicana de la que hemos bebido en esta organización, también para la instauración de instituciones como los revocatorios en las primarias y otras formas de democracia radical, está llena de propuestas para promover la renovación. Es sano para los proyectos políticos y también es sano para la democracia.

Y ahora que entramos en una fase nueva creo que es un momento estupendo para dejar que otros compañeros y compañeras puedan aportar sus energías y conocimientos.

La política para mí es absolutamente necesaria creo que lo es para la sociedad si no existiera la política la forma en la que nos relacionamos los seres humanos sería la de la ley de la selva, el dominio imperativo de la fuerza bruta.

Si la gente trabajadora no se interesara por la política, las clases adineradas tendrían toda la capacidad del mundo para explotar y oprimir al resto de la población a su antojo. Sin política nuestros municipios regiones y países serían el cortijo de los poderosos, el lugar donde el fuerte aplasta al débil sin obstáculo alguno.

La política realizada desde abajo es por tanto la forma que tenemos para protegernos de los abusos de los de arriba. La política y las normas que constituimos y que construimos desde abajo, a ese abajo común a la mayoría social, son por lo tanto un freno a la barbarie. No en vano, me parece a mí, que el paraíso del opulento suele ser también la contracara del infierno del desposeído.

Hay que hacer política para que no solo los ricos tengan la capacidad de decidir cómo nos organizamos y cómo vivimos.

Haciendo este tipo de política en el ámbito institucional yo he estado doce años en primera línea. Pasé de las plazas del 15M, al Congreso al Gobierno de España.

En todo este tiempo, he luchado contra la mayoría absoluta del Partido Popular y los recortes de los servicios públicos de la sanidad, de la educación, de la vivienda, de las pensiones…, que han asolado esos recortes a nuestro país con una herida que todavía está sangrando. Así como después, ya desde el gobierno, he intentado contribuir a mejorar las condiciones de vida de las familias trabajadoras.

En todo este proceso he aprendido mucho, y de ahora en adelante, seguiré trabajando un volcar este conocimiento adquirido en el proyecto colectivo, tanto de Izquierda Unida, como en SUMAR.

Ya lo dije el otro día, como insistió Julia Anguita, la política está en todos los rincones de nuestra vida cotidiana, la política es el arte para mí transformar la realidad, de convertir nuestros sueños anhelos y esperanzas en instituciones costumbres cultura, que facilitan que podamos vivir en paz y en libertad.

La libertad, por cierto, no es solo la capacidad de elegir, la hemos repetido y me he ocupado de repetirlo mucho en esta última campaña electoral, sino sobre todo la libertad es la posibilidad de desplegar un proyecto de vida autónomo donde ningún tercero, sea patrón o patriarca, decida por nosotros.

Nuestra independencia de estas fuerzas, que son habitualmente los poderes privados y salvajes del mercado, es lo que nos proporciona la libertad. Pues libertad al final es tener garantizados todos los bienes y servicios indispensables para desarrollar un proyecto digno de vida tales como: la educación, la sanidad, la vivienda o las pensiones.

Nuestras sociedades modernas por lo tanto están amenazadas con la pérdida de la libertad, para la mayoría sociales y para el conjunto de la clase trabajadora, en beneficio eso sí de una libertad para explotar y humillar de  las clases adineradas. Este ha sido siempre un viejo dilema, pero ahora recobra más fuerza según avanza la ola reaccionaria, no solo en nuestro país sino a nivel mundial.

Esa libertad de la mayoría social está restringida, en mi opinión, no sólo por el poder de estas clases adineradas y sus expresiones políticas, sino también por las amenazas ecológicas que se ciernen sobre nuestras sociedades. Sabéis bien, que en los últimos años he insistido mucho, aunque probablemente no lo suficiente, en la necesidad de abordar con mayor determinación la crisis climática o, más apropiadamente, la crisis ecosocial.

La razón para mí es bien sencilla. Toda política hoy es ya política climática, y no me parece que haya ahora mismo urgencia mayor para la sociedad. Fundamentalmente, porque no existe una crisis climática que signifique lo mismo para todo el mundo, pues esta crisis no es ajena a la lucha de clases. Los muros y bayas que desde los países ricos frenan la llegada de refugiados, que huyen de las sequías de las guerras por los recursos y de la pobreza, es una expresión clara siniestra y cínica de esta desigualdad frente a la crisis climática, y dentro de los países ricos tenemos la misma problemática.

Insisto, toda política es ya política climática, y la crisis ecosocial es aquella que apunta que si no hacemos nada por cambiarlo, si no hacemos nada por evitarlo, será el mercado capitalista quien se encargue de decidir quién podrá pagar la energía, quién podrá sufragarse cestas de consumo saludable, e incluso, quién podrá vivir dentro del nicho climático, esto es de las regiones del planeta compatible con la vida para nuestra especie.

La libertad, por lo tanto, tal y como la entendieron los pensadores republicanos y socialistas, de la que bebemos en Izquierda Unida, solo será posible si logramos que toda la sociedad pueda vivir por encima del suelo social y por debajo del techo ecológico, es decir, con las necesidades satisfechas y sin traspasar los límites biofísicos del planeta. Estos límites no están establecidos arbitrariamente, sino que son el resultado de la acumulación de conocimiento riguroso y preciso en el ámbito que conocemos como ciencia.

La ciencia es, en consecuencia, aliada necesaria de la izquierda y de cualquier proyecto eco-socialista. Aspecto este, por cierto, que Izquierda Unida ha remarcado siempre, incluso desde su propia fundación.

Y reconozco, que me preocupa el hecho de que se estén abriendo camino en nuestras sociedades, un buen número de proyectos políticos y liberales, profundamente contrarios a los principios que heredamos de la Ilustración, entre los cuales está la propia idea de democracia.

Las derechas españolas no son ajenas a esa ola reaccionaria y por eso se impregna de negacionismo científico, desprecio a los valores democráticos y una afición terrible a la caricaturización y deshumanización del adversario político. Tenemos que vencer a estos peligrosos procesos que emergen en todo el mundo, también aquí en España.

Creo que para hacerlo la izquierda debe reencontrarse también con sus raíces ilustradas para, junto con otras tácticas, ser capaz de de preservar ideas tales como la democracia o los derechos humanos puestos en cuestión por las derechas de todo el mundo, también las españolas.

Por las razones que he expuesto, es evidente que no puedo dejar la política. Las razones que hicieron que me afiliara en su momento, cuando tenía diecisiete años, siguen hoy mucho más de vigentes, si acaso no se han agudizado en todo este tiempo. Pero lo que sí dejo es la primera línea de la política. Es el lugar donde, como decía antes, he estado doce años.

Como dije el otro día, no sabemos cuánta gente recordará el trabajo, el tiempo, las energías que he dedicado, y que hemos dedicado juntos y juntas durante los últimos 12 años.

Tengo la esperanza, decía el otro día, de que la gente lo recuerde como una contribución positiva. Eso sí, durante todo este tiempo, mi familia sí ha sido testigo de todo este esfuerzo.

Lo dije también y vuelvo a insistirlo, la primera línea de la política es muy exigente y a partir de ahora quiero cuidar más y mejor a la gente a la que quiero, a mis hijas, a mi compañera, a mi familia.

Cuando hablamos de poner la vida en el centro, no nos referimos solo a abstracciones sino que debemos obrar en consecuencia. Cuando hablamos de cuidados no solo deben estar en nuestros discursos, sino también en nuestras prácticas, tanto en el seno de la organización como nuestras propias familias. Y en este punto, tan agudamente resaltado por el feminismo, tanto la política como la sociedad tienen aún muchísimo recorrido pendiente.

Sé que tomo esta decisión, como decía antes, en un momento difícil para España. Aprovecho por ello también, para hacer un nuevo llamamiento a todas las fuerzas de izquierdas, para que trabajemos juntas dentro del proyecto de SUMAR. La magnitud de los retos que tenemos por delante, junto con el mensaje que se expresó en la urnas el pasado domingo, nos obligan a actuar de una manera audaz, creativa, responsable y generosa.

No hay ni un minuto que perder. Todos nuestros esfuerzos deben encaminarse a ofrecer a la ciudadanía una opción electoral que ilusione y que sea instrumento para mejorar la vida.

Quisiera terminar con un honesto agradecimiento a todas las personas que me han apoyado y acompañado durante estos largos años. Entré en 2011 como el titulado más joven del Congreso y desde el primer momento conté con el apoyo de compañeros y compañeras de Izquierda Unida, y también de mucha gente que me manifestó su apoyo en todas partes. Sin ese sostén moral, estoy seguro de que la pelea hubiera sido mucho más complicada. Por eso, quiero agradecer a nuestros votantes y, por supuesto, a mi organización y a toda la dirección hoy aquí presente, el honor que me concedieron al permitirme haberles representado 12 años en las instituciones.

Espero personalmente que haya estado a la altura y me comprometo a seguir batallando para convertir finalmente en realidad nuestros proyectos y sueños colectivos.

Nada más. Muchísimas gracias. Salud y República.

 

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