Un desconsolado agricultor observa impotente cómo sus olivos han sido arrancados por colonos y soldados israelíes. (Zain JAFAAR | AFP PHOTO) Publicada en naiz.eus
La primavera se tiñe de sangre,
el mes de abril tan colorido,
se cubrió de rojo escarlata,
trescientas en un día y doscientas más,
personas muertas sin sentido,
que el genocidio fomenta,
para que bandonen sus casas,
y apoderarse de ellas,
con falsas leyes de homicidas y criminales,
que arrasan, destruyen y matan…
¡Y luego!
Algunos aspiran al NOBEL de la PAZ,
que les cubra de gloria y le aplaudan,
sembrando con sus nombres las calles,
donde cavaron sepulcros con saña…
¡MALDITOS!
Los que usurpan hogares ajenos,
sus raíces, vínculos y tierras…
¡MALDITOS LOS SEÑORES DE LA GUERRA!
